Hoy es uno de esos días en los que uno se levanta y no se entiende a uno mismo. Hoy se siente como el día después de hacer una rutina muy dura en el gimnasio, uno sabe que fue difícil y que va a doler recomponerse pero que tiene que seguir adelante perseverante. Hoy se siente como el día después de un huracán, que uno ve todo lo que se derrumbó y junta poco a poco los pedacitos de todo lo que con mucho esfuerzo y dedicación se había logrado.
Hoy me siento así, adolorida por el gimnasio y juntando poco a poco los pedacitos de lo que se había construido con amor.
La vida es un gran misterio mientras la vivimos, pero ciertamente no lo había sido cuando decidimos venir a vivirla. Cuando nos encontrábamos con nuestro Padre Celestial antes de venir a la tierra, todos aceptamos venir a tener experiencias terrenales que nos iban a formar para ser mejores hijos de Dios. Estas experiencias incluían algunas que nos iban a dar inmensa satisfacción, pero también otras que nos iban a traer profunda tristeza y dolor. ¿Pero...por qué? Nosotros amamos TANTO a nuestro Padre Celestial que no nos daba miedo arriesgarnos a sufrir con tal de demostrarle a Él que queremos seguirle y serle fieles. Vinimos a este mundo a crecer, aprender y ser felices y es algo que no debemos olvidar.
Algunas veces me cuesta mucho trabajo recordarlo, pero a medida que crezco y vivo, hago un mejor trabajo para recordarme a mí misma mi propósito divino. Todavía debo seguir trabajando al respecto, pero noté una gran mejora. ¿Y cómo me doy cuenta? Porque, aunque sigo teniendo experiencias tristes y dolorosas, me aferro más rápidamente al hecho de que existe un plan perfecto y un Dios que me ama y me cuida. Esa es mi esperanza más grande, la que me ha mantenido firme en mis principios y optimista en la vida.
Esta mañana leí una frase inspiradora en un discurso del presidente Ballard que dice: “Lo más importante es nuestra relación con nuestro Padre Celestial y el Señor Jesucristo. Esta relación es importante ahora y en la eternidad.” La relación que podemos construir acá en la tierra con nuestro Padre Celestial es de suma importancia, no solo para salvarnos sino para poder demostrar nuestro potencial divino, pulir el diamante que somos, y brillar eternamente. Todos somos eso, un diamante pero en bruto cuando llegamos a la tierra. Depende de nosotros cuanto brillo queremos proyectar, siempre siendo conscientes de que cada pulida puede doler, pero teniendo la mirada fija en lo que nos queremos convertir. Fuimos creados a la imagen de nuestro Dios, somos muy valiosos y tenemos un gran potencial.
En días difíciles como hoy es más fácil para el enemigo entrar en nuestra mente con pensamientos negativos, pero nosotros podemos vencer. Solo hay que levantarse y ocuparse de demostrarle al adversario de que no puede con nosotros, porque somos parte de una realeza divina con cualidades divinas de las que el perdió acceso por completo. Esta celoso de que seamos tan fuertes y de que, aunque la vida nos golpee sigamos teniendo la voluntad de seguir adelante, rengueando, pero moviéndonos constantemente con pasos pequeños o grandes, pero firmes hacia nuestra meta.
También leí el discurso “Conformes con lo que se nos ha concedido” por el Elder Neal A. Maxwell y una de sus frases va de acuerdo con el mensaje que quiero trasmitir en este escrito: “Los momentos decisivos de la vida ocurren dentro de lo que se nos concede… Lo que importa es la forma en que respondemos. En esta vida toda persona recibe la clase de pruebas que van de acuerdo con sus necesidades”. Soy fiel creyente de que todas las pruebas que tenemos son personalizadas. Porque tenemos algo que aprender de eso, porque necesitamos valorar algo o porque necesitamos cambiar para mejorar algo, pero Dios nos ama y nos conoce tanto individualmente que sabe que somos suficientemente fuertes para superar todas y cada una de las pruebas que se nos presentan.
Momentos tristes llegarán inevitablemente, tiempos oscuros tocarán nuestra puerta y entrarán desestabilizando nuestra tranquilidad sin nuestro permiso. Lo que sí podemos hacer es decidir como reaccionamos a esos momentos, por lo tanto, mi invitación es la misma que en 2 Nefi 31:20. “Por tanto, debéis seguir adelante con firmeza en Cristo, teniendo un fulgor perfecto de esperanza de amor por Dios y por todos los hombres. Por tanto, si marcháis adelante, deleitándoos en Cristo, y perseveráis hasta el fin, así dice el Padre, tendréis la vida eterna.” Sigamos adelante, tengamos esperanza, y perseveremos hasta el fin.
En esos momentos difíciles, hagan cosas que sean un mimo para su alma y corazón. Oren a Dios, cuéntenle sus problemas, aunque él ya los sepa, humíllense ante él y háganle saber cuánto lo aman y cuánto desean servirle, vayan al templo, busquen inspiración, lean las escrituras, siempre he encontrado consuelo en ellas y los consejos de los profetas antiguos han sido de gran ayuda para mi vida. El tiempo es el mejor remedio y casi siempre nos brinda la claridad que tanto necesitamos. Recuerden que el dolor no es para siempre porque no es el estado natural del hombre. Dios nos creó para que tengamos gozo, y ese es el destino previsto para nosotros como hijos de un Rey.
Creo que debo escribir el final como lo hice todas las veces anteriores, hoy mas que nunca de mí para mí,
Con amor, Sara ♡